jueves, 26 de febrero de 2009

Homo floresiensis


El 27 de octubre de 2004 se publicaba un artículo en la revista de alta

divulgación
científica 'Nature' sobre el estudio de fósiles de homínido encontrados en la Cueva de Liang Bua en la isla de Flores en Indonesia. Este diario y otros medios de comunicación me preguntarían acerca de este descubrimiento y las hipótesis que emitían los colegas que lo habían investigado.No era para menos, los científicos que firmaban el artículo, encabezados por Michael Morwod, Peter Brow y colegas decían que se trataba de una nueva especie de homínido.

Con este descubrimiento, sabíamos que al menos, y de forma sincrónica, habían habitado el planeta en el Pleistoceno superior cuatro especies, la recién descubierta, el 'Homo neanderthalensis', el 'Homo erectus', y nuestros antecesores 'Homo sapiens'.Como morfólogo, al ver la foto que iban a publicar tuve la impresión que se trataba de un espécimen parecido al 'Homo georgicus', incluso al 'Homo habilis'.

Así se lo comuniqué a mis colegas de Atapuerca, Juan Luís Arsuaga y Bermúdez de Castro, el mismo día. Los autores sin embargo lo relacionaba con la filogenia de Homo erectus.Un estudio publicado recientemente en 'Journal of Human Evolution' por Karen Baab y colaboradores de la Stony Brook University de Estados Unidos, plantea que este homínido ha evolucionado de un homínido anterior a 'Homo erectus'. Han llegado a estas conclusiones comparando medidas craneales de humanos, de homínidos y simios extinguidos, con los nuevos restos craneales descubiertos en las ultimas campañas de excavación.

Esta publicación defiende, por lo tanto, la originalidad de la especie en contra de los que piensan que 'Homo floresiensis' no es una especie nueva, sinó una insularidad de 'Homo sapiens', con una patología, denominada microcefalia.

Tuve la ocasión de discutir con Morwod en Australia sobre esta cuestión y le dije a este colega que desde el primer momento pensé que no se trataba de ninguna patología sino de una nueva especie; sus características así lo anunciaban.
A mi era algo que me resultaba extraño, pues era una reducción tan grande del tamaño cerebral, y como consecuencia del cerebro, de 'Homo erectus' a 'Homo floresiensis'. Era más lógico pensar una reducción mínima. Si este homínido es un descendiente de 'Homo habilis', solo habría reducido el cerebro por insularidad unos 100 centímetros cúbicos y no más de 400 cc si se trataba de 'Homo erectus'.

Los que se oponen a que se denomine a estos fósiles una especie fueron liderados por el fallecido Teuku Jacob, quien mantenía que era una patología local por insularidad y no los descendientes de homínidos africanos antiguos. 'Sapiens enanos' en la isla “hobbits” existieron hasta que llegaron los portugueses en el siglo XVI.Esta especie, 'Homo floresinsis', desapareció según los descubridores de la misma como consecuencia de la actividad volcánica de la isla hace 17.000 años.

Al extinguirse esta especie sólo 'Homo sapiens' quedó como representación del género Homo en la tierra. Desde este momento estamos solos.La discusión continua, pero en mi opinión se trata de una especie y no de una patología.
Extraído de Antrophistoria

jueves, 12 de febrero de 2009

Biografía de Darwin




Humanos y chimpancés, parientes no tan cercanos

El hombre desciende del mono y la distancia genética que le separa de su pariente vivo más cercano, el chimpancé, se creía hasta hoy como muy estrecha, cerca de un 1%. Este precepto, aceptado hasta hoy, tiende un puente entre la Teoría de la Evolución y la Ciencia moderna, construida sobre los sólidos cimientos de la obra de Charles Darwin, cuyo bicentenario se conmemora esta semana.
Sin embargo, una investigación publicada en la revista Nature señala que ambas especies comparten no un 99% de su ADN, como se creía hasta ahora, sino un 89%.
El naturalista británico acertó con las dos ideas fundamentales de su teoría.

Los organismos se transforman a lo largo de la Historia de la Vida gracias a los caracteres que heredan de sus antecesores y estos rasgos son seleccionados o eliminados mediante Selección Natural. Pero durante la elaboración de los preceptos que le condujeron a la citada teoría, plasmada en la obra 'El origen de las especies' (de cuya publicación se cumplen 150 años en 2009), el naturalista británico tuvo dudas.

El modelo de evolución que propuso era gradual. Según esto las especies cambian poco a poco a lo largo de las generaciones gracias a pequeños cambios favorecidos por la Selección Natural, porque suponen una ventaja adaptativa para el medio en el que habitan.
Esta forma de evolución engloba a todos los seres vivos, incluido el ser humano.

Sin embargo, al propio Darwin le asaltaron preguntas que la Ciencia ha tardado un siglo y medio en responder, e incluso algunas que aún no ha solucionado, lo que le aporta, si cabe, más mérito a la formulación de la teoría.

Las dudas de Darwin

«Si las especies han descendido de otras especies mediante gradaciones insensiblemente diminutas, ¿por qué no vemos en todas partes innumerables formas de transición? ¿Por qué no está toda la Naturaleza en confusión, en lugar de estar las especies como las vemos, bien definidas?», se preguntaba el sabio británico.

Multitud de científicos modernos han profundizado en la investigación del registro fósil y han hecho ciertas las sospechas de Darwin. Las especies fosilizadas permanecen estables desde el primer instante en el que aparecen en la escala temporal hasta su extinción. Entonces, ¿cómo avanzan las especies a lo largo de la Historia de la Vida?

Coincidiendo con el aniversario de Charles Darwin, un equipo de científicos del Departamento de Ciencias Genómicas de la Universidad de Washington, del Instituto Médico Howard Hughes y del Instituto de Biología Evolutiva del CSIC y de la Universidad Pompeu Fabra han dado con una de las posibles claves que explicaría, al menos para las especies de homínidos actuales (orangután, gorila, chimpancé y ser humano), este avance discontinuo, expuesto hace casi cuatro décadas por los eminentes paleontólogos Stephen Jay Gould y Niles Eldredge en su teoría del equilibrio puntuado.

«La clave está en las duplicaciones del genoma», dice Tomás Marques-Bonet, primer firmante de la investigación, «se trata de regiones enteras del ADN que se duplican en algún momento del ciclo celular y se insertan en otro lugar. Esto aporta dinamismo al genoma», aclara. Las modificaciones que generan estas regiones duplicadas al insertarse en otro lugar de la secuencia de ADN provocan grandes cambios en los organismos y, por lo tanto, la selección natural puede actuar sobre ellos de forma muy rápida.

«Aunque al ser humano le vino bien tener esas duplicaciones, no podemos asegurar que estas regiones sean responsables de los genes de la humanidad», asegura Marques-Bonet. «Lo que sí sabemos es que en estas secuencias de ADN están las claves de enfermedades como la esquizofrenia, el autismo o el retraso mental», aclara el investigador.

Extraído de El Mundo

'Béjar': una bola de fuego de un cometa de Júpiter que cayó en Salamanca

Una inmensa roca de casi dos toneladas de peso, que se estrelló contra la atmósfera terrestre el pasado 11 de julio, viajó hasta la Tierra desde un cometa de la familia del gigantesco Júpiter, según ha revelado un grupo de investigadores españoles.

El suceso, uno de los más brillantes de los últimos 10 años, pudo ser visto desde España y Portugal el pasado verano y su desaceleración, al atravesar la atmósfera terrestre, se produjo sobre la provincia de Salamanca, en concreto en el municipio de Béjar, al que debe su nombre. Fue allí donde tuvo lugar el momento de mayor luminosidad de la gigantesca bola de fuego.

El bólido, que fue registrado por ls cámara de la Red Española de Investigación sobre Bólidos y Meteorito, procede de una corriente de meteoroides conocida como las Omicrón Dracónidas, que surgieron tras la desintegración del cometa C1919Q2 Metcalf, durante el siglo pasado.

Los autores del trabajo, que será publicado en la revista 'Monthly Notices of the Royal Astronomical Society', son los investigadores Josep Maria Trigo, del CSIC, y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña; José María Madiedo, de la Universidad de Huelva, Iwan Williams, de la Universidad británica Queen Mary, y Alberto Castro-Tirado, del Instituto de Astrofísica de Andalucía.

Posibles meteoritos

"Es interesante identificar el fragmento de un cometa con suficiente consistencia como para que sobreviva a su brusca interacción con la atmófera. Hasta el momento, no hemos recuperado ningún meteorito procedente de un cometa. Creemos que los cometas que se desintegran podrían albergar rocas de gran consistencia en su estructura interna", señala Josep María Trigo.
Según sus estimaciones, la bola de fuego llegó hasta unos 22 kilómetros de altura desde la Tierra.

Días antes de que llegara a nuestro planeta, la noche del 3 al 4 de julio, el equipo de investigadores ya había detectado un estallido que procedía de las Omicron Dracónidas. Las órbitas de tres de las partículas detectadas en el espacio parecen estar asociadas tanto a la roca 'Béjar' como al cometa desintegrado, según el análisis de los expertos.

Los investigadores confían en que la roca haya producido meteoritos. "Sería un hito científico", aseguran. Hasta ahora, sólo la sonda 'Stardust' ha recuperado pequeñas briznas de rocas de un cometa.

Extraído de El Mundo

lunes, 9 de febrero de 2009

Darwin vs Dios (ciencia vs religión)

Este jueves se cumplen 200 años del nacimiento de Darwin y 150 de "El origen de las especies" y queremos hacerle este pequeño homenaje.

Este tema de Ciencia vs Religión personalmente, nos parece muy interesante ya que por medio de la ciencia podemos conocer que (desde nuestro punto de vista) la religión es un invento, no escribimos esto como una crítica sino como una observación.

Charles Robert Darwin supo desde el principio que su Teoría de la Evolución iba a caer como una irreverente bomba sobre los dogmas establecidos de la fe cristiana.

No es de extrañar, por lo tanto, que se pasara más de dos décadas dándole vueltas a lo que el filósofo Daniel Dennett bautizó como su «peligrosa idea», hasta que finalmente se atrevió a publicar 'El Origen de las Especies'.

Poco antes de que esta osada obra viera la luz, en una carta que escribió a su amigo Joseph Hooker, Darwin confesó que se sentía «como un hombre a punto de confesar un crimen». No era para menos. En la Inglaterra victoriana del siglo XIX, la idea de que todas las especies vivas —incluyendo el ser humano— no habían sido engendradas de un día para otro por la mano de Dios, sino que habían evolucionado durante millones de años mediante un proceso de selección natural, suponía una insolente blasfemia.


Para comprender hasta qué punto Darwin era perfectamente consciente de la polémica que sus ideas iban a desencadenar, hay que tener en cuenta su propia trayectoria personal e intelectual. Al fin y al cabo, en su juventud el 'padre de la evolución' estudió teología en la Universidad de Cambridge con la intención de convertirse en sacerdote de la Iglesia Anglicana, y no cuestionaba la validez de la Biblia como fuente sagrada para explicar el origen del mundo.

Sin embargo, a lo largo de los años, y sobre todo tras la experiencia transformadora que vivió durante su aventura científica a bordo del Beagle, la fe de Darwin se fue erosionando ante el cúmulo de evidencias que contradecían todas las verdades supuestamente incuestionables del Libro del Génesis.

El creciente escepticismo del naturalista frente a la religión se convirtió en una dolorosa fuente de tensión con su devota esposa Emma, sobre todo desde que en 1849 dejó de ir a misa los domingos, y decidió dedicar el rato que su familia pasaba en la iglesia a pasear por el campo para seguir reflexionando sobre sus ideas.


Dos años después, la muerte de su adorada hija Annie, como consecuencia de una tuberculosis que acabó con su vida a los 10 años, fue la puntilla que le hizo perder definitivamente la fe. Para Darwin, la crueldad y el sufrimiento de un mundo donde él había comprobado cómo algunas avispas se alimentaban de los cuerpos vivos de los gusanos en la dura lucha por la supervivencia, o donde morían niños inocentes como su queridísima Annie, no parecían compatibles con la existencia de un Dios omnipotente que se preocupara por sus criaturas. Sin embargo, a pesar de todo, Darwin nunca quiso definirse públicamente como ateo, y dejó escrito que «el agnosticismo es una descripción más correcta de mi postura».

Como era de esperar, la publicación de 'El Origen de las Especies' en 1859 desató un escándalo descomunal en la sociedad británica, y Darwin tuvo que sufrir la humillación de ver su inconfundible rostro barbudo caricaturizado sobre el cuerpo de un mono.

Al mismo tiempo, las autoridades eclesiásticas de la Iglesia Anglicana denunciaron que la Teoría de la Evolución constituía la visión más degradante del ser humano jamás concebida, y alguno incluso llegó a compararle con la serpiente del Jardín del Edén, por intentar pervertir a la sociedad británica con sus «ideas perversas».

A Darwin toda esta polémica no debió sorprenderle demasiado, ya que conocía de primera mano, dentro de su propio hogar, los conflictos religiosos que podían provocar sus teorías. Lo que sin duda le hubiera chocado mucho más es descubrir que 150 años después, las llamas de esta controversia todavía no se han apagado en el mundo del siglo XXI.

Extraído de El Mundo

Descubren en Perú cientos de huellas de dinosaurios y otros animales prehistóricos

Cientos de pisadas y restos fosilizados de animales prehistóricos, probablemente dinosaurios que vivieron hace 120 millones de años, han sido descubiertos en la región Ancash (centro de Perú).

El hallazgo se produjo cuando la empresa minera Antamina, propiedad de BHP Billiton y Xstrata, entre otros, construía un camino desde su campamento de Yanacancha hasta el cruce de Conococha, en la provincia de Huari, a unos 400 kilómetros al noreste de Lima.


La empresa ha confirmado que en un estudio preliminar del sitio, a 4.600 metros sobre el nivel del mar, se encontró más de cien pisadas de al menos 12 formas distintas de animales prehistóricos.

De acuerdo a los cálculos de los paleontólogos a cargo de estos hallazgos, la edad del sitio podría situarse en el Cretácico Temprano, hace unos 120 millones de años.

Entre los restos encontrados, según ha informado el diario El Comercio, hay grandes reptiles marinos conocidos como sauroterigios, de los que se descubrieron esqueletos completos.

También otros reptiles en forma de pez -llamados ictiosaurios-, cocodrilos de ramas extinguidas, reptiles voladores o pterosaurios, tortugas y restos de peces y de invertebrados muy bien conservados.

Los trabajos de paleontología en la zona de influencia de Antamina se remontan al año 2006 cuando empezó la construcción de ese camino, que dejó expuestos sedimentos potencialmente fosilíferos, de acuerdo a un análisis elaborado por el Centro de Ornitología y Biodiversidad (Corbi).

Las excavaciones realizadas en el paraje conocido como Cruz Punta, en el kilómetro 80 de esa carretera, pusieron al descubierto una pared rocosa de varias decenas de metros de longitud en la que se apreciaban estructuras que parecían ser un conjunto de huellas de animales, agregó el estudio de Corbi.

Extraído de El Mundo

miércoles, 4 de febrero de 2009

Las ballenas parían en tierra hace 47 millones de años

Uno de los momentos clave en la historia de la Evolución fue la transición desde los grandes peces con las primeras adaptaciones a la vida en tierra firme hasta los híbridos entre pez y reptil que poblaron por primera vez los continentes.

Ese paso fundamental ocurrió en el Devónico, hace entre 380 y 360 millones de años, y casi todo el mundo mantiene en su imaginario la instantánea de ese híbrido -recientemente identificado como 'Tiktaalik roseae'- saliendo de las aguas y caminando por una orilla con sus aletas a media transformación en patas, algo que no ocurriría hasta la aparición del Acanthostega.

Sin embargo, el regreso de los grandes mamíferos al agua, más de 300 millones de años después, ha pasado ampliamente desapercibido en los manuales de biología.
Un grupo de investigadores liderados por Philip D. Gingerich, director del Museo de Paleontología de la Universidad de Michigan, publica hoy en la revista científica 'PLoS' el hallazgo de dos nuevos fósiles que revelan datos esenciales sobre la evolución de las características necesarias para la transición de las ballenas de la tierra al mar.

«Hay muchos fósiles, la mayoría muy fragmentados, que documentan esa transición. Pero los ejemplares que describimos son los primeros que aportan datos sobre el nacimiento, el crecimiento y el desarrollo de estos animales», afirma Gingerich a elmundo.es.

Los fósiles, hallados en Pakistán, corresponden a un macho y una hembra con un feto en su interior, lo que ha motivado que los investigadores bauticen a la nueva especie como 'Maiacetus inuus' (en referencia a las palabras madre ballena y a un dios romano de la fertilidad).

El feto estaba colocado cabeza abajo como ocurre en los mamíferos modernos, y al contrario de lo que ocurre en las ballenas. «Esto evidencia que estos animales daban a luz en tierra», dice el investigador. Además, los fósiles poseen grandes dientes bien preparados para cazar y comer peces, lo que sugiere a los científicos que estos ejemplares vivían en el mar y que, probablemente, salían al exterior para descansar, aparearse y parir.

«Casi todo, excepto la respiración, cambió durante esa transición. Poseían cuatro patas modificadas para la natación y, aunque podían soportar su peso en tierra, no podrían llegar muy lejos», dice.

Extraído de El Mundo